¿Qué es la correlación estadística y cómo se interpreta?
Introducción a la correlación estadística
La correlación estadística se emplea para estimar el grado de asociación entre dos variables, indicando en qué medida los valores de una tienden a variar conjuntamente con los de otra dentro de un conjunto de observaciones. Su objetivo es descriptivo: permite identificar patrones de covariación sistemática, sin establecer relaciones de causalidad ni explicar los mecanismos que generan dicha asociación.
Desde un punto de vista operativo, la correlación informa si las variables se mueven juntas y cómo lo hacen, pero no responde por qué ocurre esa relación. Por esta razón, un coeficiente de correlación —como el coeficiente r de Pearson o el coeficiente ρ de Spearman— no debe interpretarse como evidencia de efecto causal, influencia directa o dependencia funcional entre variables.
En términos generales, pueden distinguirse tres situaciones básicas. En una correlación positiva, ambas variables tienden a variar en el mismo sentido: cuando una aumenta, la otra también aumenta, y cuando una disminuye, la otra tiende a disminuir (⬆️⬆️ / ⬇️⬇️). En una correlación negativa, las variables se mueven en sentidos opuestos: el aumento de una se asocia con la disminución de la otra (⬆️⬇️). Finalmente, puede observarse ausencia de correlación, cuando no se detecta un patrón sistemático de asociación entre los valores de ambas variables.
Esta distinción es clave para evitar interpretaciones erróneas. El signo del coeficiente no describe si algo “sube” o “baja” en términos absolutos, sino cómo se relacionan los cambios relativos entre variables. Por ello, el análisis de la correlación debe apoyarse siempre en el contexto teórico, el tipo de variables involucradas y la visualización gráfica de los datos, aspectos que se desarrollan en las secciones siguientes.
La diferencia entre asociación y causalidad se vuelve aún más evidente en correlaciones espurias. Por ejemplo, al analizar conjuntamente la estatura y la cantidad de amigos en redes sociales en un grupo de estudiantes, podría observarse una correlación lineal positiva muy alta. Sin embargo, no existe una base teórica que justifique que una mayor estatura genere más vínculos sociales. En estos casos, la relación observada suele explicarse por la influencia de una tercera variable no considerada, como la edad, que afecta simultáneamente a ambas.
Estos ejemplos muestran que la correlación describe regularidades empíricas en los datos, pero no explica los mecanismos que las producen. Su función es descriptiva y exploratoria: identificar asociaciones relevantes que orienten el análisis, sin sustituir el marco teórico ni las decisiones metodológicas posteriores.

¿Por qué la correlación aparece con tanta frecuencia en trabajos de grado?
En numerosos trabajos de grado —como tesis, tesinas y trabajos finales de integración— la inclusión de análisis correlacionales responde a criterios metodológicos establecidos por las instituciones académicas. En particular, en diversas universidades no se consideran suficientes los estudios puramente descriptivos, aun cuando estos se encuentren correctamente diseñados y ejecutados. En este marco, suele requerirse la incorporación de al menos una técnica de análisis relacional como condición mínima para la aprobación del trabajo final.
La correlación estadística cumple entonces una función instrumental clara: permite demostrar que el estudio no se limita a la descripción de variables aisladas, sino que explora vínculos empíricos entre dimensiones del fenómeno analizado. En algunos reglamentos y guías metodológicas, esta exigencia se traduce explícitamente en la necesidad de trabajar con dos o más variables, e incluso en la solicitud de modelos que integren tres o más dimensiones, sin que ello implique necesariamente un abordaje causal o explicativo.
Desde esta perspectiva, la correlación se consolida como una herramienta accesible y formalmente aceptada para cumplir con los estándares mínimos de análisis inferencial. Su uso permite articular el marco teórico con los datos empíricos, justificar relaciones plausibles y dar coherencia interna al diseño metodológico, sin forzar interpretaciones que excedan el alcance del estudio.
Este escenario institucional ayuda a comprender por qué la correlación aparece de manera recurrente en trabajos finales de grado y posgrado dado que suele operar como un umbral metodológico que habilita el pasaje desde la descripción hacia un nivel de análisis más estructurado, alineado con los objetivos de investigación.
Tipos de correlación según el patrón de relación entre variables
En el análisis estadístico, la correlación puede adoptar distintas formas según el modo en que las variables se relacionan empíricamente. La clasificación no se basa únicamente en el valor numérico del coeficiente, sino también en la configuración del patrón observado en los datos, tal como se representa en los gráficos de dispersión.
En primer lugar, puede observarse la ausencia de correlación, situación en la que los valores de una variable no presentan un patrón sistemático de variación conjunta con los de la otra. En estos casos, los puntos del gráfico se distribuyen de manera aleatoria y el coeficiente de correlación se aproxima a cero. Este resultado indica que no existe una asociación lineal apreciable entre las variables consideradas, aunque ello no descarta la presencia de otro tipo de relación no capturada por este análisis.
La correlación positiva se presenta cuando ambas variables tienden a variar en el mismo sentido empírico: cuando una aumenta, la otra también lo hace, y cuando una disminuye, la otra tiende igualmente a disminuir. Este patrón se refleja en un gráfico de dispersión con una tendencia ascendente y se traduce en valores positivos del coeficiente de correlación. La intensidad de esta relación dependerá del grado de alineación de los puntos alrededor de una recta teórica.
En cambio, la correlación negativa describe situaciones en las que las variables varían en sentidos opuestos: a medida que una aumenta, la otra tiende a disminuir, y viceversa. En estos casos, el gráfico presenta una pendiente descendente y el coeficiente adopta valores negativos, lo que indica una relación inversa entre las magnitudes analizadas.
Por el contrario, la correlación negativa describe situaciones en las que las variables se mueven en sentidos opuestos: cuando una aumenta, la otra tiende a disminuir. En el plano gráfico, este comportamiento se manifiesta mediante una pendiente descendente, y el coeficiente adopta valores negativos. Este tipo de relación es frecuente en fenómenos donde existe compensación o restricción entre magnitudes.
Finalmente, pueden identificarse relaciones no lineales o complejas, en las que las variables mantienen una asociación sistemática, pero que no puede describirse adecuadamente mediante una recta. En estos casos, el coeficiente de correlación lineal puede resultar bajo o incluso cercano a cero, a pesar de que el gráfico de dispersión revele un patrón claro. Este escenario pone de relieve una limitación central de la correlación lineal: su sensibilidad exclusiva a relaciones de tipo lineal.
Estos distintos tipos de correlación muestran que la interpretación del coeficiente no debe realizarse de forma aislada, sino en conjunto con la inspección gráfica y el contexto teórico del problema analizado. La correlación informa sobre la forma y el sentido de la asociación observada, pero su alcance depende del tipo de relación subyacente entre las variables.
En el panel izquierdo se observa una correlación positiva con mayor dispersión: aunque los valores presentan una tendencia ascendente, los puntos se distribuyen de manera amplia alrededor de la recta teórica. Esta variabilidad indica que, aun existiendo asociación, el grado de relación lineal es relativamente menor.
En el panel derecho, la dispersión es más reducida y los puntos se alinean de forma más consistente en torno a la recta de tendencia. Esta mayor concentración refleja una asociación lineal más intensa, que se expresa en un coeficiente de correlación de mayor magnitud.
En términos generales, cuanto mayor es la dispersión de los datos respecto de la recta, menor es la fuerza de la correlación; a medida que dicha dispersión disminuye, la relación lineal se vuelve más fuerte y estable.
En meta-análisis y revisiones sistemáticas, especialmente en los campos de la educación, la psicología y las ciencias sociales, los valores de correlación observados con mayor frecuencia se sitúan bastante por debajo de lo que suele anticiparse intuitivamente. Lejos de los coeficientes cercanos a 1 que muchos estudiantes esperan encontrar, las asociaciones empíricamente relevantes suelen presentar magnitudes moderadas.
En estudios educativos, donde se analizan variables como horas de estudio, rendimiento académico o motivación, los coeficientes de correlación promedio suelen ubicarse entre .20 y .40. De manera similar, en psicología aplicada, numerosas relaciones consideradas sustantivamente importantes se encuentran alrededor de valores cercanos a .30. Correlaciones superiores a .50 aparecen con menor frecuencia y, cuando lo hacen, suelen corresponder a contextos muy específicos, diseños altamente controlados o variables conceptualmente próximas entre sí. Este patrón se repite de forma consistente en múltiples síntesis de investigación.
Desde el punto de vista metodológico, no existe un consenso único en la literatura estadística respecto de los puntos de corte para interpretar la magnitud del coeficiente de correlación. Diversos autores han propuesto clasificaciones orientativas que permiten describir la fuerza de la relación lineal de manera aproximada y siempre dependiente del contexto de análisis. En términos generales, valores absolutos del coeficiente cercanos a 1 indican asociaciones más intensas, mientras que valores próximos a 0 reflejan relaciones débiles o inexistentes.
Algunos criterios ampliamente citados consideran que valores de |r| entre 0.10 y 0.50 corresponden a correlaciones débiles, valores entre 0.50 y 0.85 a correlaciones moderadas, y valores superiores a 0.85 a correlaciones fuertes (Evans, 1996). Otras propuestas introducen una graduación más fina, distinguiendo entre poca correlación (0.10 a 0.30), correlación media (0.30 a 0.50), correlación alta (0.50 a 0.70) y correlación muy alta (0.70 a 1.00), siempre atendiendo al valor absoluto del coeficiente y al marco empírico en el que se aplica (Cohen, 1988; Mukaka, 2012).
Las clasificaciones presentadas permiten ubicar la magnitud de un coeficiente de correlación dentro de rangos orientativos ampliamente utilizados en la literatura. Sin embargo, estos criterios no sustituyen el análisis del contexto empírico ni resuelven, por sí solos, las decisiones interpretativas que enfrenta el investigador.
En la práctica, la lectura de un coeficiente de correlación requiere observar simultáneamente el signo, la magnitud, la dispersión de los datos y el comportamiento del gráfico subyacente. Por este motivo, resulta útil trabajar con herramientas que permitan visualizar cómo pequeñas variaciones en los datos modifican el valor del coeficiente y su interpretación.
En el siguiente apartado se presenta una calculadora pedagógica de correlación, diseñada para explorar de forma interactiva estos conceptos y comprender cómo se articulan la relación entre variables, la dispersión y la magnitud del coeficiente en situaciones concretas.
La correlación de Pearson: del concepto a la visualización
La correlación de Pearson puede expresarse formalmente mediante una fórmula que resume su lógica conceptual: el coeficiente r cuantifica el grado en que dos variables varían conjuntamente a partir de sus desviaciones respecto de las medias. Esta formulación permite comprender que la correlación no se basa en valores absolutos, sino en la covariación sistemática entre observaciones. En forma equivalente, el coeficiente también puede representarse mediante su expresión compacta, donde la covarianza entre las variables se normaliza por sus desviaciones estándar. Ambas expresiones describen el mismo fenómeno desde distintos niveles de síntesis y no introducen, por sí mismas, ninguna interpretación causal.
Con el objetivo de que la interpretación de la correlación no quede reducida a una expresión algebraica, se incorporó una calculadora pedagógica que permite observar cómo cambia el coeficiente cuando se modifica el patrón de los datos. En esta herramienta se muestran dos coeficientes de uso frecuente: el coeficiente de correlación de Pearson (r), utilizado para analizar asociación lineal entre variables cuantitativas bajo supuestos paramétricos, y el coeficiente de Spearman (ρ), empleado cuando se trabaja con rangos u ordenamientos, o cuando los supuestos requeridos por Pearson no resultan adecuados (Cohen, 1988; Mukaka, 2012).
El control deslizante permite recorrer el intervalo completo de la correlación, desde −1 hasta +1. En valores cercanos a +1 se observa que los puntos del diagrama de dispersión tienden a alinearse alrededor de una recta ascendente; en valores cercanos a −1, la alineación se organiza de manera descendente; y cuando el coeficiente se aproxima a 0, la nube de puntos pierde estructura lineal, lo que sugiere ausencia de asociación lineal. De este modo, la “fuerza” de la relación no se presenta como una etiqueta abstracta, sino como una propiedad visible del nivel de dispersión: a mayor dispersión respecto de la recta teórica, menor magnitud del coeficiente, aun cuando la tendencia general se mantenga.
Junto con el coeficiente de correlación se reporta el coeficiente de determinación (R²), que representa la proporción de variabilidad asociada a un ajuste lineal simple. En términos prácticos, R² permite visualizar cuánta variación de una variable queda asociada linealmente con la otra dentro del conjunto de datos. Su interpretación requiere cautela, ya que informa sobre ajuste y proporción de varianza compartida en un modelo lineal, sin constituir evidencia de causalidad (Cohen, 1988). Esta relación se refuerza mediante una visualización basada en dos círculos superpuestos, que representa el solapamiento entre variables y subraya una idea clave: incluso cuando existe asociación, nunca se afirma que “todo” en una variable esté explicado por la otra, y siempre permanece un componente no compartido vinculado a otros factores, error de medición o variabilidad propia del fenómeno.
En este punto resulta necesario detenerse en una fuente frecuente de confusión interpretativa: la relación entre la dispersión de los datos y la magnitud del coeficiente de correlación. En la práctica, muchos lectores tienden a evaluar la correlación a partir de la apariencia visual del gráfico, asumiendo que una nube de puntos más “abierta” implica automáticamente una asociación débil o irrelevante. Esta inferencia, aunque intuitiva, no siempre es correcta. La dispersión describe cuánto se apartan los valores observados respecto de una tendencia lineal teórica, mientras que la correlación mide el grado en que dos variables covarían de manera sistemática. Por este motivo, es posible que dos conjuntos de datos presenten una correlación positiva comparable, aun cuando uno de ellos exhiba una dispersión visiblemente mayor que el otro.
Desde el punto de vista estadístico, la magnitud del coeficiente se ve afectada por la dispersión solo en la medida en que esta introduzca variación no alineada con la tendencia general. Cuando el patrón ascendente o descendente se mantiene de forma consistente, el coeficiente puede conservar valores moderados incluso en presencia de ruido considerable. En contextos empíricos reales —especialmente en ciencias sociales y educativas— este escenario es frecuente y esperable. Correlaciones en torno a .30, por ejemplo, pueden corresponder a relaciones sustantivamente significativas dentro de fenómenos complejos, caracterizados por múltiples fuentes de variabilidad. En estos casos, la dispersión no invalida la asociación, sino que refleja la heterogeneidad propia del objeto de estudio.
Por ello, la lectura adecuada de un análisis correlacional requiere integrar simultáneamente el valor numérico del coeficiente, el patrón observado en el gráfico de dispersión y el marco teórico que da sentido a la relación analizada. Ninguno de estos componentes, considerado de manera aislada, resulta suficiente para una interpretación rigurosa. La correlación no busca eliminar la variabilidad, sino describir cómo se organiza parcialmente dentro de ella, y la visualización cumple un rol central para evitar interpretaciones simplificadas o erróneas.
Las clasificaciones presentadas permiten ubicar la magnitud de un coeficiente de correlación dentro de rangos orientativos ampliamente utilizados en la literatura. Sin embargo, estos criterios no sustituyen el análisis del contexto empírico ni resuelven, por sí solos, las decisiones interpretativas que enfrenta el investigador.
En la práctica, la lectura de un coeficiente de correlación requiere observar simultáneamente el signo, la magnitud, la dispersión de los datos, la significancia estadística y el comportamiento del gráfico subyacente. Por este motivo, resulta útil trabajar con herramientas que permitan visualizar cómo pequeñas variaciones en los datos modifican el valor del coeficiente y su interpretación. Obtener un coeficiente de correlación no garantiza, por sí mismo, que la relación observada resulte estadísticamente consistente, especialmente cuando intervienen tamaños muestrales reducidos o alta variabilidad.
La presencia de un coeficiente de correlación distinto de cero no implica, por sí misma, que la relación observada sea estadísticamente significativa.
La significancia del coeficiente depende del tamaño muestral, de la variabilidad de los datos y de los supuestos del modelo, por lo que un mismo valor de r puede resultar significativo en un contexto y no serlo en otro. Por esta razón, no basta con declarar el coeficiente: su interpretación requiere considerar simultáneamente la magnitud del efecto y las condiciones bajo las cuales fue estimado.
Ejemplo práctico: cálculo e interpretación de la correlación en datos reales
En este ejemplo se utiliza una muestra reducida de siete estudiantes, extraída de una población escolar de aproximadamente 150 casos, con el objetivo de ilustrar el cálculo del coeficiente de correlación de Pearson entre las variables horas de estudio y calificación obtenida, en un entorno ampliamente difundido como Microsoft Excel. Esta elección no es casual: permite mostrar con claridad qué información puede obtenerse a partir de estas dos variables cuantitativas mediante una herramienta de uso extendido y, al mismo tiempo, cuáles son sus alcances y limitaciones para la interpretación estadística.
A partir de los datos observados, Excel permite calcular el valor del coeficiente de correlación (r) y el coeficiente de determinación (r²), así como representar gráficamente la relación entre las variables. Sin embargo, no proporciona información sobre la significancia estadística del coeficiente, ni sobre el impacto del tamaño muestral en la estabilidad de la estimación. En muestras pequeñas, como la considerada aquí, esta limitación resulta especialmente relevante, ya que valores elevados de r pueden surgir por azar o verse influidos de manera desproporcionada por pocos casos.
Esta situación se vincula directamente con el concepto de error muestral, desarrollado en detalle en un apartado previo, donde se analiza cómo el tamaño de la muestra condiciona la precisión y la interpretabilidad de los resultados estadísticos. En el ejemplo considerado, donde la población de referencia es de 150 estudiantes y la muestra analizada incluye solo 7 casos, el margen de error alcanza ±36,287 % para un nivel de confianza del 95 %, calculado bajo el supuesto de población finita. Este valor ilustra con claridad el grado de incertidumbre asociado a estimaciones obtenidas a partir de muestras reducidas y refuerza la necesidad de interpretar con cautela coeficientes elevados que no se acompañan de un análisis inferencial adecuado. Comprender esta relación resulta fundamental antes de avanzar hacia herramientas que permitan evaluar formalmente la significancia del coeficiente mediante lenguajes o entornos estadísticos específicos. 👉 Calculadora de Error
A continuación se presenta una síntesis visual del análisis correlacional realizado, que integra información descriptiva, supuestos estadísticos y resultados inferenciales en una muestra reducida. La tabla resume los principales aspectos evaluados —tamaño muestral, población de referencia, margen de error, pruebas de normalidad, coeficiente de correlación, significancia y varianza asociada— con el objetivo de ofrecer un marco interpretativo completo antes de analizar los gráficos. Esta presentación busca mostrar cómo los resultados numéricos adquieren sentido únicamente cuando se los articula con los supuestos del modelo y con la inspección visual de los datos.
Los gráficos complementan esta lectura: el diagrama de dispersión con recta de referencia y residuos permite observar la relación lineal entre horas de estudio y calificación, así como la magnitud y dirección de los desvíos respecto del ajuste lineal; el boxplot comparado, por su parte, facilita la identificación de la distribución, la variabilidad y la presencia de valores atípicos en cada variable. En conjunto, estas visualizaciones refuerzán la idea de que la correlación no debe interpretarse como un valor aislado, sino como una propiedad emergente del patrón de los datos.
Este ejemplo permite ilustrar un punto central del análisis correlacional: la obtención de un coeficiente elevado y estadísticamente significativo no exime de evaluar el contexto muestral ni los supuestos estadísticos subyacentes. En muestras pequeñas, como la presentada, el margen de error es considerable y las pruebas de normalidad solo ofrecen información orientativa, lo que obliga a extremar la cautela interpretativa. En este marco, la significancia estadística debe leerse junto con la magnitud del efecto, la dispersión observada y el conocimiento del fenómeno estudiado.
De este modo, el análisis correlacional se consolida como una herramienta descriptiva potente, pero limitada, que requiere ser integrada dentro de un enfoque metodológico más amplio. La visualización de los datos, el control de supuestos y la comprensión del error muestral no constituyen pasos accesorios, sino condiciones necesarias para evitar conclusiones simplificadas y sostener interpretaciones estadísticamente responsables.
¿Cómo se reportan los resultados de una correlación según APA 7?
De acuerdo con las normas de la American Psychological Association (APA 7), los resultados de un análisis correlacional deben informarse de manera clara, precisa y contextualizada, incluyendo como mínimo el tipo de coeficiente utilizado, su valor, el tamaño muestral, el nivel de significancia y, cuando corresponde, información sobre los supuestos estadísticos evaluados. Este reporte no se limita a la presentación del coeficiente, sino que requiere situar el resultado dentro del marco metodológico y empírico del estudio.
En el presente ejemplo, se analizó la asociación entre horas de estudio y calificación obtenida mediante el coeficiente de correlación de Pearson. Previamente, se evaluaron los supuestos de normalidad mediante la prueba de Shapiro–Wilk, sin encontrarse evidencia suficiente para rechazar la normalidad en ninguna de las variables. Bajo estas condiciones, se obtuvo una correlación positiva alta, r = .91, estadísticamente significativa (p = .005, bilateral), con un tamaño muestral de n = 7. El coeficiente de determinación asociado (r² = .82) indica que una proporción sustantiva de la variabilidad observada se encuentra linealmente asociada en esta muestra.
No obstante, la interpretación de este resultado requiere cautela. El análisis se realizó sobre una muestra reducida, extraída de una población finita estimada en aproximadamente 150 estudiantes, lo que implica un margen de error elevado (±36,3 %) para un nivel de confianza del 95 %. En este contexto, la significancia estadística del coeficiente no debe interpretarse como evidencia concluyente de una relación fuerte a nivel poblacional, sino como un resultado coherente con el patrón observado en los datos analizados.
Cuando este hallazgo se contrasta con la literatura empírica, se observa que estudios previos y meta-análisis reportan, de forma consistente, correlaciones positivas bajas a moderadas entre horas de estudio y rendimiento académico, generalmente en rangos aproximados de r = .15 a r = .30, dependiendo del contexto educativo y del nivel de análisis. Estos valores sugieren que, si bien el tiempo de estudio se asocia de manera sistemática con el rendimiento, dicha relación suele estar mediada por múltiples factores adicionales, como estrategias de aprendizaje, calidad del estudio, características institucionales y variables individuales.
Desde esta perspectiva, el coeficiente elevado obtenido en la muestra analizada no contradice la evidencia previa, sino que ilustra cómo el tamaño muestral, la variabilidad de los datos y el error muestral pueden amplificar o atenuar la magnitud observada de una correlación. En términos de reporte APA 7, este ejemplo refuerza la necesidad de informar el coeficiente junto con sus condiciones de estimación y de evitar interpretaciones aisladas basadas únicamente en el valor numérico de r.
Conclusiones
A lo largo de este desarrollo se mostró que el análisis correlacional constituye una herramienta descriptiva valiosa para explorar asociaciones entre variables, siempre que su interpretación no se reduzca a la lectura aislada de un coeficiente. La correlación informa sobre la dirección y la magnitud de una relación lineal, pero su significado emerge únicamente cuando se la articula con la inspección gráfica, la evaluación de supuestos estadísticos y el contexto muestral en el que fue estimada.
El uso de visualizaciones —diagramas de dispersión, residuos y boxplots— permitió evidenciar cómo la dispersión, la presencia de valores atípicos y el tamaño de la muestra influyen directamente en la magnitud observada del coeficiente. Asimismo, la incorporación del concepto de error muestral mostró que resultados estadísticamente significativos pueden coexistir con altos niveles de incertidumbre cuando se trabaja con muestras reducidas extraídas de poblaciones finitas.
El ejemplo práctico desarrollado ilustró, además, los alcances y limitaciones de herramientas de uso extendido como Microsoft Excel. Si bien estas permiten calcular coeficientes y generar visualizaciones básicas, no ofrecen, por sí solas, un marco completo para evaluar significancia, supuestos del modelo ni condiciones de inferencia, lo que refuerza la necesidad de recurrir a entornos estadísticos más robustos cuando el análisis lo requiere.
En conjunto, este recorrido pone de relieve que reportar una correlación no implica únicamente declarar un valor de r. Interpretar adecuadamente una asociación exige considerar el tamaño del efecto, la significancia estadística, la variabilidad de los datos, el diseño muestral y la evidencia previa disponible. La correlación no elimina la complejidad del fenómeno estudiado, sino que permite describir cómo parte de esa complejidad se organiza de manera sistemática, al servicio del aprendizaje y de una práctica metodológica responsable.
¿Cómo citar esta herramienta en tu tesis?
Si se utiliza este visualizador con fines pedagógicos o exploratorios, su función principal es ilustrar la relación entre variables, la dispersión de los datos y la variación del coeficiente de correlación bajo distintos patrones. En este marco, la herramienta no sustituye el análisis estadístico formal ni el contraste de hipótesis, sino que facilita la comprensión conceptual de los componentes que intervienen en un análisis correlacional (Alegorías, 2026).
Referencia sugerida (APA 7):
Alegorías. (2026). Calculadora pedagógica de correlación lineal. https://alegorias.com.ar/Calculadoras-Estadisticas-Alegorias-Tesis/calculadora-correlacion-estadistica-lineal-pedagogica.html
Referencias sugeridas (APA 7)
A continuación se presentan las fuentes bibliográficas que sustentan los conceptos desarrollados a lo largo del análisis. Las referencias se organizan en dos bloques complementarios: por un lado, aquellas vinculadas al muestreo estadístico y al error muestral; por otro, las orientadas a la correlación, su interpretación y su correcta presentación según estándares académicos.
Referencias sobre Muestreo estadístico
Cochran, W. G. (1977). Sampling techniques (3rd ed.). John Wiley & Sons.
Referencia clásica para el cálculo del tamaño muestral y el tratamiento del error muestral en poblaciones finitas e infinitas.
Daniel, W. W., & Cross, C. L. (2013). Biostatistics: A foundation for analysis in the health sciences (10th ed.). Wiley.
Obra ampliamente utilizada en ciencias sociales y de la salud para justificar márgenes de error, niveles de confianza y decisiones muestrales.
Hernández Sampieri, R., Fernández Collado, C., & Baptista Lucio, P. (2014). Metodología de la investigación (6.ª ed.). McGraw-Hill Education.
Fuente de referencia en contextos universitarios latinoamericanos para la definición de universo, población, muestra y error muestral.
Kish, L. (1965). Survey sampling. John Wiley & Sons.
Texto fundamental sobre muestreo en encuestas y generalización de resultados.
Lohr, S. L. (2010). Sampling: Design and analysis (2nd ed.). Brooks/Cole.
Aborda de manera rigurosa el impacto del diseño muestral y el cálculo del error en distintos contextos de investigación.
Martínez Bencardino, C. (2012). Estadística y muestreo (13.ª ed.). Ecoe Ediciones.
Referencia en español ampliamente citada sobre muestreo probabilístico, error muestral y tamaño de muestra.
Triola, M. F. (2018). Elementary statistics (13th ed.). Pearson.
Obra introductoria utilizada para explicar de forma rigurosa y accesible el significado del nivel de confianza y el margen de error.
Referencias sobre correlación y reporte estadístico
American Psychological Association. (2020). Publication manual of the American Psychological Association (7th ed.). APA.
Norma oficial para el reporte de análisis estadísticos, incluyendo correlaciones, tamaños muestrales y niveles de significancia.
Cohen, J. (1988). Statistical power analysis for the behavioral sciences (2nd ed.). Lawrence Erlbaum Associates.
Referencia clásica para la interpretación de la magnitud de los coeficientes de correlación y el concepto de tamaño del efecto en ciencias sociales.
Field, A. (2018). Discovering statistics using IBM SPSS statistics (5th ed.). Sage.
Texto aplicado que aborda correlación, visualización, supuestos y reporte de resultados con ejemplos accesibles.
Mukaka, M. M. (2012). A guide to appropriate use of correlation coefficient in medical research. Malawi Medical Journal, 24(3), 69–71.
Artículo claro y muy citado sobre cuándo y cómo utilizar coeficientes de correlación, así como errores frecuentes de interpretación.
Schober, P., Boer, C., & Schwarte, L. A. (2018). Correlation coefficients: Appropriate use and interpretation. Anesthesia & Analgesia, 126(5), 1763–1768. https://doi.org/10.1213/ANE.0000000000002864
Guía contemporánea sobre interpretación de coeficientes de correlación, supuestos estadísticos y límites inferenciales.







